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lundi, août 07, 2017

Crítica de la vida moderna 1

Hay instantes en la vida en los que hay que enfrentarse con lo esencial, por ejemplo, la pérdida de un ser querido es la más frecuente y la más dura. Es algo que siempre le sucede a los "otros",  Soupault dixit, pero nunca a las personas que queremos, es como si nuestra vida fuese la vida de ello.as.

Lo que más duele en estos casos, no es que la persona se vaya, eso creo que todo.as nos lo esperamos, es que no haya sido una vida plena, completa.

La vida moderna encierra a la gente en la inminencia del individualismo. La muerte es percibida a través del prisma egoísta, un hecho sin rito, sin valor simbólico. Es lo que he sentido ahora que una persona próxima de la persona que quiero se ha ido, su desafección (su lado administrativo), su completa ausencia de vínculo con los demás, su falta de empatía con lo que sentimos. Es lo que más duele.
En las sociedades occidentales el individualismo y el sujeto todopoderoso ha roto con todos su ritos y vínculos colectivos. La vida es mucha veces encierro y pánico a la muerte; separado.a de la naturaleza, este individuo.a industrial sufre, se deshumaniza porque se convierte más en una máquina que en un ser sensible que produce sentido. Es lo que llamo la "crisis de este mundo moderno", así no podremos durar, y más que animalizarnos (los animales sienten y piensan muchas veces como nosotros), nos robotizamos. Esa sensación es terrible, porque se parece al vacío que es lo que más nos congela el corazón. Una vida más ligada a los demás, sin ese aislante que la vida moderna impone, con gestos de afecto, con contenido, una suma poética de hechos que se unen al mundo, todo lo contrario de lo que sucede muchas veces con la gente que se va como vino al mundo, sola y sin haber compartido gran cosa. Lo más íntimo, lo más personal. Hay que confiarse a los demás aunque cueste.

Il faut réfléchir...

vistos tres veandos retozando sobre los campos dorados del Gers mientras regresábamos de casa de un amigo.

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