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mercredi, mai 14, 2014

Por una contra historia de la literatura

Por una contra historia de la literatura

Creo que es tiempo de pensar la literatura de otra manera, no como un hecho intransitivo, como se hizo en el siglo XIX, de ahí la idea de que quien escribe está encerradoA en su torre de marfil, sino como un gesto colectivo, en deuda con el afuera, puesto que el lenguaje no es otra cosa que un instrumento social y la idea de creación es relativa. Esto no anula su poder de transformación, yo sí creo que escribir es una trascendencia, es levantar la vista por encima de las verdades adquiridas, es parar la oreja, extenderse como un puente, ser traductorA de lo que estamos viendo. Es apoyarse en los demás para que el lenguaje este vivo, latiendo.
No me puedo imaginar como escritora si no es de esta manera. Escribir no es una imagen de prestigio para mí, no me coloca en el ámbito social como una profesional, tan solo como persona, y persona con todo lo que esto implica. Mi necesidad de escribir surge de una conciencia viva, encarnada, crítica, nunca podré entenderlo de otra forma. Creo que si pensamos en la literatura como en un "ascensor social", estamos perdidoAs, ni siquiera tiene un verdadero porque esa frase de Madame de Genlis: cuando satisfacemos una verdadera pasión, nos da igual el renombre, es cierta de muchas formas. Lo único que me parece terrible es que no dejen sin aquelloAs que son nuestroAs interlocureAs, las personas que, con su mirada, completan este ejercicio solitario de escribir. El diálogo siempre,sobre todo si es crítico, enriquece. Hay que pensar contra sí mismaO, escribir una contra historia donde nuestra mirada deje de ser sumisa, neo-colonial, y sea arriesgada (abandonar también las miradas clasistas, que son las que hacen que muchas veces creamos que tenemos derechos absolutos y que hacemos un favor cuando prestamos atención, cuando debemos "borrarnos" para que otra persona emerja, exista) Somos más responsables quienes escribimos, porque al final, quienes tienen conciencia de que escribir no es una diversión, salvo para algunoAs, están más convocadoAs a decirlo-

En esta feria del libro en Bogotá, a las que en general me cuesta asistir porque no me gustan las fotos, no me gustan los protocolos, ni los grupos, me gustan las conversaciones francas, frente a frente, las personas, con todas sus debilidades, los derrapes, porque no somos superiores a nadie, a lo sumo creo que escribir nos hace más concientes y quizás menos mediocres., me he sentido como una pieza suelta Yo creo, honestamente, que estamos estandarizando el discurso en lo "políticamente correcto", que estamos pensando que no podemos atrevernos a decir ciertas cosas para no "molestar" o no aguar la fiesta, sobre todo, las que estamos tan acostumbradoAs a recibir migajas  (las mujeres), que no podemos decir claramente cuáles son nuestros intereses, cuáles nuestras expectativas, arriesgarnos a mayor presencia, es escribir nuestra historia. Esta experiencia es rica en encuentros humanos, en miradas, incluso aquellas que no han sido porosas (todo encuentro, por más pobre que sea, produce un saber cuando lo miramos a la distancia), pero no perdamos de vista que escribir, inscribir y recorrer al vida, es atravesarla en todos sus estados, no solo los que nos hacen que nos sintamos mejor, si no aquellos que nos hunden en el desarraigo y la duda (tanto mejor!).
Ayer me quedé sola  (Olivier tenía que regresar) esperando mi partida. El lugar me parecía un desierto. Bogotá es una ciudad de pliegues, de páramos, de espacios vacíos donde la experiencia humana no ha dejado huella.  Pero también tiene otros donde la mano humana ha trazado un recorrido, con la calidez de sus voces y sus presencias que besan la vida. Traté de ir hacia el centro pero creo que cogí la dirección equivocada, era una calle solitaria llena de edificios en cemento, grises, desnudos. De existir la teletransportación me hubiese trasladado hasta el centro que es un enclave cálido, hermoso,  en medio de esta ciudad moderna que crece un poco enloquecida. Problema de las ciudades en Latino américa. Hay muchas cosas que me sorprendieron, el interés inspirado de la imagen mítica del Perú, de loAs estudiantes, su candor y su vulnerabilidad. Es a ellas y a ellos que me dedico esos instantes, pensando que las otras personas que escriben, hombres y mujeres, se inscriban en este texto.

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