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lundi, mai 21, 2012

El final de la elites

¿qué va a pasar en este mundo vasto y ruidoso en el que los mensajes, los textos, se multiplican, en este mundo de personas atomizadas, de repúblicas soberanas, flotantes, que hablan en el Internet? Me sorprenden las quejas de muchos escritores sobre el "fin de la autoridad"y del final de las elites, de la catástrofe mundial y de nueva Torre de babel. Si ahora escribimos es conscientes de que nuestra labor ha sido convertida en lo que realmente es: una especie de eslabón entre la realidad y los demás, un "passeur", un vínculo que interpreta, que a veces logra significantes importantes, que a veces logra dialogar en lugar de monologar. Eso es todo. Se acabó la época en que se pensaba que las elites producían sus propios líderes, se terminó el tiempo del saber como dominación y ejercicio de poder, se acabaron loas mandarines, los escritores nacionales (casi siempre hombres), los "profesionales",  uf, qué alivio! Huele a democracia. ¿no? ¿qué sucede cuando alguien no está de acuerdo con una persona considerada una autoridad? puede contestar a través de las redes sociales, tal vez no tenga muchos lectoreas sino cuenta con una red de propaganda y un reconocimiento, pero será leído y escuchado por un grupo de gente. Se esfumaron los estereotipos y las vacantes para representar un rol que se parecía al del gurú, nunca antes hemos estado tan invitadoas a pensar soloas, a asumirnos íntegramente, sin muletas.

¿No debería alegrarme por ser yo también escritora? Siempre he defendido la idea de que escribir no es una profesión ni una carrera, es un estado, una manera de ser y no puede sistematizarse en un orden, salvo como una disciplina y una entrega, pero no ejercemos una teoría acabada sobre la creación y todos los "creating wrintings" que sigan ofreciendo "profesionalismo, seguirán confundiendo el método con un proceso que requiere de una voluntad y un estado. No se puede aprender a ser "escritora" o escritor, es un aprendizaje constante, una puesta en duda que nunca termina. Más soloas que nunca, más confinados a nuestro pequeño mundo que debemos enriquecer para sacarlo a pasear con los lectoreas, tal vez encuentre algun(a) acompañante--- quizás tengamos que ser más valientes, seremos, o serán menos, y tendremos que saber aprender la humildad, recuperar el pudor, ser simplemente humanos. Hace poco Javier Rodríguez Marcos hablaba de Carlos Fuentes como el final de un tipo de escritores que logran hacer de su oficio una causa nacional. Un líder no saldrá a lo mejor siempre de las universidades, tal vez de una calle, de cualquier lugar, sin más instrumentos que el Internet, y sus ganas de saber y comunicar. Lamentar el final de las elites y la autoridad de la academia, de los legisladores, es como lamentar la desaparición de dios, podemos cantar soloas bajo la oscuridad. Y avanzar.

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