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vendredi, novembre 24, 2006

empecinarse

A veces sudece que tratamos de enriquecer una relación, es como una brocha que se esfuerza por hacer trazos en el vacío, y de ahí, nada brota, ningún color, ninguna forma. Me ha sucedido con una persona. Y es como una afasia, como si el lenguaje no existiera. Pienso que no puede existir un autismo de esa índole, pero es inútil. Por más que toquemos una música, la otra persona no oye. Está sorda. Entonces, tratamos de pensar que nuestra música hay que tocarla en otra parte. No es pobre el que da, si no el que no sabe recibir. No sé si creo mucho en esto, pero se tiene que utilizar a manera de máxima. Luego del embelesamiento estético de París, me doy cuenta de que soy una privilegiada, que me voy a Lima, a gozar del sol y que la gente se queda encerrada en el invierno aquí, sin poder hacer nada para cambiar las cosas. Es la rutina de toda gente que aspira a una vida segura, pero, me pregunto, son más felices? Esta persona de la que hablo, es como si fuese una amargada (y nada es más chocante que la amargura, humanamente, hiere), alguien que no está nunca satisfecho con la imagen que tiene de sí mismo, una especie de enfermedad megalómana que todos podemos padecer, pero que ha curar a fuerza de empeño. Sé que suena moralista, pero la necedad, la tontería, o la frivolidad, debemos siempre justificarla? No lo sé, siempre he querido entender y no ponerme en el lugar de que la que juzga, pero eso conduce a una especie de inercia. Absorbemos esos límites, los hacemos nuestros y nos arruinamos moralmente. Porque una persona que no es sensible a una frase de afecto, a un gesto, es alguien que de alguna manera ha dejado morir algo dentro suyo. Y eso, es lo más triste de todo, no poder hacer nada.

3 commentaires:

Anonyme a dit…

no poder hacer Nada...

giancarlo tejeda a dit…

no poder hacer Nada...

Anonyme a dit…

Si el otro no acepta el don, las razones del rechazo hay que buscalas en uno.
Nada mas horrible que el mesianismo afectivo.
Anonimus.